literatura, musica

Ese es el problema…

No sé como decírtelo sin parecer grosero, pero eres una “birria”. Como un mal coche, tienes algo defectuoso en ti, y tú y yo y todos los que están en esta habitación somos unos “birrias”. Parecemos iguales a los demás, pero lo que nos hace diferentes es nuestro defecto. Veras, la mayoría de los jugadores cuando juegan lo hacen para ganar, pero cuando nosotros jugamos es para perder, inconscientemente. Los “birrias” tenemos que cagarla en muchas cosas a propósito porque así recordamos constantemente que estamos vivos. Tú problema es esa jodida necesidad de sentir algo, de convencerte a ti mismo de que existes. Ese es el problema…

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Cosas a la basura

Regresé a casa y empecé a tirar cosas a la basura, Tiré cebos de pesca, pelotas de tenis deshinchadas, maletas rotas, Registré el ático en busca de muebles viejos, pantallas desechadas, biombos doblados y barras de cortina torcidas. Tiré marcos, zapateros, paragüeros, perchas, cunas y sillas de bebé; tiré bandejas de cama abatibles, sillitas de juguete y tocadiscos estropeados. Tiré papel de forrar, papel de cartas desvaído, manuscritos de artículos escritos por mí, galeradas de esos mismos artículos y todos los periódicos en los que habían aparecido impresos. Cuantas cosas tiraba, mas iban apareciendo. La casa era un laberinto color sepia de objetos viejos y fatigados. Nos hallábamos rodeados por una inmensidad de cosas, por una sobrecarga insoportable, por una conexión, una mortalidad.

Recorrí todas las habitaciones, arrojando cosas en cajas de cartón. Ventiladores de plástico, tostadoras quemadas, ganchillos decorativos de Star Trek. Tardé bastante más de una hora en trasladarlo todo a la acera. Nadie me ayudó. En ese instante no quería ayuda, ni deseaba sacar todo aquello de la casa. Me senté a solas en los escalones de la puerta principal, esperando que el aire que me rodeaba se impregnara de una atmósfera de paz y tranquilidad.

Por la calle pasó una mujer. Iba diciendo: “Un descongestionador, un antihistamínico, un analgésico y algo para la tos.”….

Ruido de Fondo, Don Delillo

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Un día diferente

devastacion

Martín despertó como todos los días, lo que no sospechaba era que este día sería diferente. A las 4 de la tarde se atrevió a mirarse al espejo; sus ojeras de siempre, su rostro de carrete distorsionado. Tomó su desayuno que ya estaba frio, su pan con moho lo devolvió al baño de una forma estrepitosa. Luego a las 7 pm estaba listo para partir, sería un día como todos los días, hasta que abrió la puerta de su casa y nada era como debía ser. El mundo estaba destruido. Miró a su alrededor y solo vio vestigios de lo que era su ciudad, curiosamente Martín sonrió y solo pensó… “Podré comenzar desde cero…”

Evelyn Vergara & Fernando Salas

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Ritos Paganos

Martín era mi mejor amigo, le aguantaba todo, sus cambios de humor, su soberbia absoluta, pero tenía que parar con esto. Desde que lo describí en mi diario como el ser humano perfecto, como el mejor amigo que podría tener y se mostro convertido en un ser humano esa noche de truenos y ritos paganos no lo soporto. Me demuestra todos los días lo que soy, mi infierno es Martín, mi verdad.

Evelyn Vergara & Fernando Salas

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El Ruido

todo

 

Juan miraba y escuchaba paranoicamente una luz que titilaba en la habitación, era un sonido agudo, una luz nerviosa. “¿Por qué nadie decía algo?” pensaba, “¿Por qué me fijo tanto en eso, en ese maldito ruido?” Mirando al cielo siguió en su cascada mental hasta que un último “por qué” convirtió todo el cuarto a negro. Juan se encontró en la oscuridad, una oscuridad total, ya no estaban sus compañeros, ni siquiera un piso o un horizonte para sentir esa falsa comodidad. Las preguntas cambiaron radicalmente en su cabeza, ya no eran por el ruido, ahora su inquietud iba dirigida a esa presencia que sentía en el vació. “¿Quién eres?” pregunto Juan y con una voz de trueno escucho/soporto un grito que dijo “Soy”, “¿Pero quien eres?” volvió a preguntar. “Solo soy” fue la respuesta. “¿Qué hago aquí?”. “Estas aquí simplemente porque debes estar aquí”. “¿Acaso estoy muerto?” grito Juan “¿Qué me quieres decir con estar muerto?” resonó en esa totalidad. “Muerto, caput, se acabo, hasta la vista baby” respondió irónicamente a la presencia. “¿Hasta cuando seguirás con todo ese ruido en tí?” en ese momento la voz bajó la potencia y todo se volvió primario, Juan sintió tener 5 años y jugar sin sentido del tiempo. Y recordó esa luz titilante. Alzo la vista y vio su curso escribiendo un ejercicio dictado por su profesora, pero entendió muy dentro de él.

Simplemente entendió.

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Libros

libros

 

“Ninguno de los libros de este mundo

te aportará felicidad,

pero secretamente te devuelven

a ti mismo.

Allí está todo lo que nece-sitas,

sol y luna y estrellas,

pues la luz que reclamas

habita en tu interior.

Ese saber que tanto buscaste

en bibliotecas, resplandece

desde todas las páginas,

puesto que es tuyo ahora”.

 

                                                    Hermann Hesse

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París no se acaba nunca…

paris no se acaba

…Creo que en esos días daba yo la espalda al mundo, a todo el mundo. Sin lectores, sin ideas concretas sobre el amor ni la muerte, y para colmo escritor pedante que escondía su fragilidad de principiante, yo era un horror ambulante. Identificaba juventud con desesperación y ésta con el color negro. Vestía con ropa negra de cabeza a los pies. Me compré dos pares de gafas, dos pares auténticos, que no necesitaba para nada, me las compré para parecer más intelectual. Y me puse a fumar en pipa, que juzgaba (quizá influido por las fotografías de Jean-Paul Sartre en el Café Flore) que quedaba más interesante que dar caladas a simples cigarrillos. Pero solo fumaba en pipa en público, pues no podía gastar dinero en tabaco perfumado. A veces, en la terraza de algún café, mientras simulaba leer a algún poeta maldito francés, me hacía el intelectual y dejaba la pipa en el cenicero (a veces la pipa no estaba ni encendida) y me sacaba las gafas con las que aparentemente leía y me quitaba las otras, que eran idénticas a las primeras y con las que tampoco podía leer nada. Pero eso me hacía sufrir demasiado, porque yo no pretendía leer en público a poetas malditos, sino simular que era un profundo intelectual de terraza de café de París. Yo, señoras y señores, era un horror ambulante. No tenia toda la culpa de serlo, eso también es verdad. Todos encontramos al nacer un pequeño mundo, y este generalmente es el mismo en cualquier parte en que se nazca. El mió, de todos modos, me parece que fue mas pequeño de lo habitual. A mi mundo mínimo vi muy pronto que necesitaba urgentemente ensancharlo, no por otro motivo había viajado a París y había logrado quedarme a vivir allí. Tenia cierta razón en estar desesperado, pues no sabia adonde ir, ni que ser en esta vida, etcétera. Se me había ocurrido resolver el embarazoso asunto de tener que ser alguien siendo lo primero que se me ocurriera, y lo primero había sido –tras la lectura casual de París era una fiesta- ser escrito, lo que en realidad aun aumento mas mi sentimiento de desesperación, pues, no se por que, pase muchos días convencido de que para ser un buen escritor había que estar completamente desesperado….

Enrique Vila-Matas, 2003

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