literatura

París no se acaba nunca…

paris no se acaba

…Creo que en esos días daba yo la espalda al mundo, a todo el mundo. Sin lectores, sin ideas concretas sobre el amor ni la muerte, y para colmo escritor pedante que escondía su fragilidad de principiante, yo era un horror ambulante. Identificaba juventud con desesperación y ésta con el color negro. Vestía con ropa negra de cabeza a los pies. Me compré dos pares de gafas, dos pares auténticos, que no necesitaba para nada, me las compré para parecer más intelectual. Y me puse a fumar en pipa, que juzgaba (quizá influido por las fotografías de Jean-Paul Sartre en el Café Flore) que quedaba más interesante que dar caladas a simples cigarrillos. Pero solo fumaba en pipa en público, pues no podía gastar dinero en tabaco perfumado. A veces, en la terraza de algún café, mientras simulaba leer a algún poeta maldito francés, me hacía el intelectual y dejaba la pipa en el cenicero (a veces la pipa no estaba ni encendida) y me sacaba las gafas con las que aparentemente leía y me quitaba las otras, que eran idénticas a las primeras y con las que tampoco podía leer nada. Pero eso me hacía sufrir demasiado, porque yo no pretendía leer en público a poetas malditos, sino simular que era un profundo intelectual de terraza de café de París. Yo, señoras y señores, era un horror ambulante. No tenia toda la culpa de serlo, eso también es verdad. Todos encontramos al nacer un pequeño mundo, y este generalmente es el mismo en cualquier parte en que se nazca. El mió, de todos modos, me parece que fue mas pequeño de lo habitual. A mi mundo mínimo vi muy pronto que necesitaba urgentemente ensancharlo, no por otro motivo había viajado a París y había logrado quedarme a vivir allí. Tenia cierta razón en estar desesperado, pues no sabia adonde ir, ni que ser en esta vida, etcétera. Se me había ocurrido resolver el embarazoso asunto de tener que ser alguien siendo lo primero que se me ocurriera, y lo primero había sido –tras la lectura casual de París era una fiesta- ser escrito, lo que en realidad aun aumento mas mi sentimiento de desesperación, pues, no se por que, pase muchos días convencido de que para ser un buen escritor había que estar completamente desesperado….

Enrique Vila-Matas, 2003

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